Llamaron a la puerta y me levante a abrir. Era él. Tan guapo como siempre. Llevaba una tarrina de helado en la mano. Macadamia, mi favorita. Siempre acertaba, era increíble la manera de cuando todos los detalles.
- Hola -me saludó aún desde la puerta. Le invité a pasar ya que era invierno y el frío entraba de la escalera.
- Si quieres ponte el pijama para que estemos mejor después.
Fue al cuarto y se desvistió. Al volver yo había traído dos cucharas para comer el helado. Era una tradición, como las palomitas, pero helado. Se recostó sobre un brazo del sofá con algún cojín para elevar la cabeza y poder mirar la tele. Yo me coloqué apoyada en su tronco con una manta encima. La película empezó.
Todo era perfecto. Terror y helado, una gran combinación.
Más de una vez, pegué algún grito, aunque me gustara siempre me asustaba. Algunas escenas eran muy oscuras, apenas se veía bien y de repente algo aparecía, y claro, yo gritaba pensando que era la realidad.
- Cariño, no grites, me voy a quedar sordo.
- Lo siento - puse cara de circunstancias y miré a sus ojos. Se acercó hacia mi cara despacio.
- No lo sientas, no grites - me susurró y se apartó.
- ¿Y mi beso?
- La película sigue.
- Aguafiestas.
Quedaba un cuarto de hora y me quedé dormida en el sofá, era tarde y ese día había madrugado. No era sueño profundo, más bien había cerrado los ojos. Sentí como se pagaba la televisión y Niall se movía un poco para poder cogerme. Al estar en sus brazos abrí los ojos y le miré. Sonreía.
- Gracias - le dije.
- No las des.
- Podrías haberme dejado allí.
- Sí, pero te quiero.
Me dejó en la cama tumbada. Abrió la sábana y manta y me metió dentro. Después él se recostó al otro lado. Estuvimos hablando un rato, hacia tanto que no estábamos juntos sin los chicos al rededor.
- Te he echado de menos.
- El tour terminó, ahora tenemos tiempo de estar juntos.
- ¿Iremos a Mullingar por Navidad?
- ¡Claro! Mi madre me llamó el otro día y me dijo que había aprendido a cocinar paella por ti.
- ¿De verdad?
Maura era genial. Cuando me quedaba allí en vacaciones siempre estaba más tiempo con ella que con el resto de la familia. Me trataba como a su hija, incluso mejor. Sentirme acogida era lo único que necesitaba. Huí de España por el vacío que sentía. Allí nadie me quería, era yo contra el mundo. Y cuando cumplí los 18 decidí venir a Inglaterra para seguir mis estudios lejos de mi familia.
Al recordar esto me entristecí. Pensar en una familia traía malos recuerdos para mi.
-¿Qué ocurre? - noté la mano de Niall en mi mejilla.
- Cuando nos conocimos, me preguntaste sobre mi, nunca respondí esa pregunta.
- ¿Y?
- Es hora de que sepas algo más.
- No te sientas presionada.
- Quiero. Como sabes estoy aquí estudiando, pero en realidad nunca fue porque quise venir, cuando cumplí la mayoría de edad me escapé de mi casa, cogí un vuelo y llegué aquí. En España me trataban mal, mi padre me pegaba y más de una vez me obligó a hacer cosas que no quería. Mi madre era la jefa de una gran empresa y nunca estaba en casa, por lo que nunca creía lo que me pasaba.
- Vaya... los siento.
- Déjame seguir, por favor. Entonces un día de primavera, cuando tenía 17 años, a punto de hacer los 18, mi padre entró en mi habitación. Yo estaba haciendo un trabajo con un compañero, y bueno, aunque llevaba con él toda la vida y nunca había pasado nada, tuvimos algún roce esa tarde. Y justamente, cuando mi compañero se situaba detrás de mí, agarrando mi cuerpo, entró mi padre. No estábamos haciendo nada, eso es cierto, pero él se puso como una furia.
- Un momento –me cortó Niall de nuevo - ¿Qué estabais haciendo tú y tu compañero?
- Nada. Absolutamente nada. Yo miraba nuestro trabajo y él estaba detrás de mí, agarrándome y mirando el trabajo también.
- No es necesario que continúes si no quieres, me has demostrado que eres fuerte, pero no sé si yo estoy preparado para oír el resto de la historia.
La verdad es que Niall tenía razón, le estaba contando esto así de repente. Pero había decidido que era la hora. Todos los miedos que tuve desde que me fui de casa se estaban yendo. Y poder confiar en alguien era algo que realmente agradecía. Y yo sabía que Niall me iba a escuchar siempre que yo quisiera.
- Verás, a lo mejor no querías escuchar esto hoy, pero puede que otro día no me sienta con fuerzas.
- Entonces, no se hable más, cuéntame.
- Bien. Mi padre entró ahí y se enfadó. Muchísimo. Y sin ningún motivo. Empezó a gritar a mi amigo, el cual se fue corriendo de mi casa por miedo. Yo lo hubiera hecho pero, ¿a dónde podía ir una chica de 17 años sin nada, tan solo lo puesto? Y partir de ese momento, en el que me vi sola y desprotegida, no recuerdo mucho más. Y si realmente me acuerdo de algo, no he sido capaz de recuperar ese recuerdo.
Estaba reprimiendo mis lágrimas. Respiraba profundamente. No pensé que contar mi mayor secreto fuera tan duro. Ciertamente, ya había pasado página, no quería recordar ese capítulo de mi vida.
- ¿Sabes? – pregunte retóricamente a Niall. – Lo más gracioso, entre comillas, es que todo empezó por un chico. Mi padre se enteró y no quería que estuviera con nadie, entonces, me prohibió todo.
- Si algún día tengo una familia, nunca querré que pase eso.
- Serás un buen padre, seguro.
El amor era duro. No siempre acertabas, y cuando creías que él era el correcto, no era correspondido. Esa noche me equivocaba.
La habitación estaba oscura. Había una pequeña lamparita de noche encendida, alumbraba nuestros cuerpos, pero no llegaba mucho más lejos. Yo estaba recostada en la cama, Niall estaba sentado a mi lado, observándome. Apoyó una mano al otro lado de mi cuerpo mientras iba acercándose más y más hacia mí. Se situó a un lado de mi cara.
- _____ ¿quieres bailar? – me dijo en un susurro. Acerqué mis labios hacia él.
- Claro – dije antes de apartarme.
Me cogió a la vez que me agarraba en su cuello. Sacó un CD de su bolsillo y lo puso en el reproductor. Una música lenta empezó a sonar. Me dejó en el suelo. Alcé mis manos a sus hombros y las dejé apoyadas. Él me cogió de la cintura. Miré hacia arriba, a sus ojos. El azul más profundo que nunca antes hubiera visto. Tenían tanta expresión y tanta profundidad que parecía como si te pudieras perder en ellos.
- Eres preciosa.
No tuve duda alguna. Ahora estaba segura. Sin dejar de mirarlo, me puse de puntillas. Y le besé. Era un beso lento, tierno, iba al son de la música. Después de separarnos por falta de aire apoyé mi cabeza en parte de su pecho y su hombro.
- Gracias, gracias por todo. – Y empezó a cantarme mientras seguíamos agarrados, bailando lentamente, disfrutando del silencio de la noche.
You and I
We don't wanna be like them
We can make it till the end
Nothing can come between you and I
Not even the Gods above can separate the two of us
No, nothing can come between you and I
Oh, you and I
We don't wanna be like them
We can make it till the end
Nothing can come between you and I
Not even the Gods above can separate the two of us
No, nothing can come between you and I
Oh, you and I
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